
Es una tarea difícil el decidir qué es lo que un libro sobre la teoría y la técnica de la supervisión psicoanalítica debería contener, si lo que nos mueve es el deseo que llegue a convertirse en un texto útil para supervisores y terapeutas (quienes en un futuro próximo, se convertirán en supervisores). Ya que por una parte, tal texto no puede ser un catecismo que diría a fieles creyentes como encaminarse hacia una inexistente tierra prometida: “Haga esto, y esto, crea, siga las instrucciones al pie de la letra, y todo le saldrá bien en las terapias de sus pacientes”. Dada la invisibilidad del inconsciente y las afinidades tan diversas que cada analista y cada candidato muestran para los diferentes aspectos de esta escucha psicoanalítica tan especializada, no podemos nosotros, ni puede nadie, ofrecer fórmulas exactas de validez universal, ya que, en la práctica de la terapia, unos analistas tienen “muy buen oído” para le lenguaje y la metáfora verbal; en cambio, otros “oyen” mucho mejor el símbolo expresado en el acto y en comportamiento, y tienen muchas más dificultades en “ver” lo que el paciente les muestra con el texto de su lenguaje.
El supervisor “ve” y “oye” dos versiones, por lo menos, ya que su imaginario puede proveerle de versiones fantásticas de ese texto. Una versión es la que le llega “filtrada” a través de la “escucha” que el psicoterapeuta en supervisión hace del material que el paciente le presenta en las sesiones supervisadas. La segunda versión que el supervisor oye, es la que le llega por medio de la escucha “directa” del material lingüístico original del paciente, lo que el paciente “dijo” en la sesión textualmente; material que, evidentemente, le llega huérfano de una multitud de elementos, afectos, movimientos, silencios, espacios, etc., los significados para-lingüísticos que acompañaron al texto verbal, en el momento de su formulación original, que influenciaron considerablemente la recepción consciente e inconsciente y, consecuentemente, la elaboración de este material por el psicoterapeuta en supervisión. Elegir y combinar elementos de estas dos o mas versiones del texto de una sesión terapéutica no es fácil y es, ciertamente, muy arriesgado.
El supervisor, por una parte, es normalmente parcial; es decir, que favorece con más o con menos intensidad y determinación un aspecto de la teoría y/o la clínica, o las construcciones de tal escuela psicoanalítica, con exclusión de las otras, y que tiende a “oír” e interpretar toda clase de material en términos de estas preferencias.
Es así que, algunas veces, las intervenciones del psicoterapeuta y/o los consejos del supervisor, por un numero de razones demasiado voluminosas para que puedan se enumeradas en esta introducción, son dirigidas a un paciente imaginario; es decir, un paciente que existe en la mente del psicoterapeuta, y/o en la mente del supervisor, y/o en la mente del paciente, o en el espacio psíquico que comparten las mentes de estos tres contribuyentes a esta construcción del imaginario, y que la mente pionera de Winnicott designo como “espacio transicional”.
Índice
I Prometeo Encadenado a la Palabra: Reflexiones sobre la construcción del Paciente Imaginario
II Hacia una estructura conceptual: Lo Real, Lo Imaginario y Lo Simbólico
III El Paciente: Objeto Imaginario para el Psicoterapeuta y el Supervisor.
IV El Supervisor y el Supervisado
V El Proceso Supervisivo
VI La identificación Proyectiva en el Proceso de Supervisón
VII La Supervisión y la Institución
VIII El complejo de Edipo en el Proceso Supervisivo










